Henry A. PetrieToda obra, todo proceso, necesita de continuidad, a la vez de relevos dinámicos formados en valores y calidades como para asumir con propiedad el rol de hacedores de cultura, comprometidos con el desarrollo y evolución humana.
El día sábado 16 de enero de 2008, en la sala F de la Mediateca de la Alianza Francesa de la ciudad de Managua, sostuve un conversatorio con doce jóvenes integrados a la Asociación de Jóvenes Creadores, todos con el entusiasmo y la determinación de asumir la literatura como vocación, con sus propios conceptos estéticos, pero en general, plurales en cuanto a estilos y orientaciones temáticas. Por supuesto, están claros de lo esencial que es el estudio y la investigación, conocer a los clásicos pero también a los contemporáneos, tanto nacionales como internacionales.
Introduje con la siguiente pregunta: ¿Cómo observan a los actuales grupos literarios juveniles? Sus tendencias positivas y negativas, los contenidos y formas creativas, la actitud con que se asume el reto literario y cómo lo proyectan. En tal sentido, hubo intervenciones relacionadas con la actitud general de búsqueda, con cierta tendencia hacia temáticas sociales que reflejan el predominio de la injusticia y la inequidad. Los presentes resintieron la actitud de ciertos jóvenes poetas que desde “temprano se creen iluminados” y “andan buscando reconocimientos y espaldarazos”, descalificando a otros. En particular, Gloria Elena Palacios, de Horizonte de Palabras, argumentó el sectarismo y la falta de cooperación entre grupos establecidos, de ahí el esfuerzo que realizan con la Asociación de Jóvenes Creadores como espacio de confluencia y coordinación de actividades de promoción. Otra joven del grupo Ambrosía, criticó la actitud de los escritores adultos de reconocimiento o proyección nacional con relación a los jóvenes y sus grupos literarios, de quienes perciben cierto desprecio, o en el mejor de los casos, “esperan que seamos discípulos obedientes y que sigamos sus recetas”, dijeron.
En general, estos jóvenes criticaron a escritores y escritoras de generaciones adultas, pero sobre todo, a los llamados “consagrados” nacionales, por su despreocupación casi total de vincularse a ellos con visión y espíritu amplio, tolerante y formativo, sin sesgos ni prejuicios propios de conflictos interpersonales. “¿Qué dicen ellos de nosotros?”, preguntan sin tener urgencia de respuesta. Los vínculos generacionales no existen o están débiles, aseguran.
Detengámonos aquí un momento y preguntémonos: ¿Es válido hacer escuelas en el sentido de seguir un determinado canon o estilo literario? ¿Cuál debe ser el propósito fundamental de los escritores mayores con relación a los jóvenes? ¿Acaso influirlos tanto y crearles el molde arrebatándoles su identidad individual, o como lo dijera Beltrán Morales, haciendo de sus “discípulos” una sola voz, negándonos la pluralidad? Quizá es hora de considerar el hecho de que en la actualidad, más que crear escuelas y discipulados, es urgente que los escritores con mayor experiencia y trayectoria, sepan ubicarse como acompañantes y facilitadores del proceso inicial de la formación de poetas y escritores jóvenes. En todo caso, se trata de compartir el saber y las experiencias básicas indispensables con los nuevos talentos, para que lo mejor de la tradición literaria nicaragüense se estime, pero fundamentalmente, para que se siga haciendo literatura y cultura con la mejor calidad posible.
Detengámonos aquí un momento y preguntémonos: ¿Es válido hacer escuelas en el sentido de seguir un determinado canon o estilo literario? ¿Cuál debe ser el propósito fundamental de los escritores mayores con relación a los jóvenes? ¿Acaso influirlos tanto y crearles el molde arrebatándoles su identidad individual, o como lo dijera Beltrán Morales, haciendo de sus “discípulos” una sola voz, negándonos la pluralidad? Quizá es hora de considerar el hecho de que en la actualidad, más que crear escuelas y discipulados, es urgente que los escritores con mayor experiencia y trayectoria, sepan ubicarse como acompañantes y facilitadores del proceso inicial de la formación de poetas y escritores jóvenes. En todo caso, se trata de compartir el saber y las experiencias básicas indispensables con los nuevos talentos, para que lo mejor de la tradición literaria nicaragüense se estime, pero fundamentalmente, para que se siga haciendo literatura y cultura con la mejor calidad posible.
Se necesitan puentes generacionales con verdaderos espíritus de crecimiento y respetuosos de las autonomías, de las individualidades, sin transferir prejuicios y vicios propios, muchas veces incubados por la pobreza de espíritu e inseguridad personales, por las perversiones de nuestra formación humana, máxime cuando éstas derivan de la disfuncionalidad social, los fanatismos políticos y la exacerbación ideológica, que lejos de ver al ser humano, se concentra en intereses de causas deshumanizadas, sumiéndonos en modelos intolerantes y excluyentes.
Soy creyente de la herencia, en el sentido de la garantía de continuidad, de la extensión en el tiempo no sólo de la constitución genética humana, sino también de sus valores y obras. El conocimiento científico y de las artes es un gran ejemplo. Pero indudablemente, esta herencia puede verse obstruida, discontinuada, o en el peor de los casos, truncada, a causa del despojo, la indiferencia y el abandono. No somos nada sin historia, a no ser que ubicados en la desolación total, comencemos hacerla. Pero aún así, en algún protón siempre habrá una memoria cósmica.
El joven poeta José “Concho” López, para mí más brioso que aquellos fabricadores de poses “irreverentes o de malditos”, despreocupado de lo que llama “farándula poética” pero que ahí está, escribiendo poemas: “Si todo está escrito/ estamos en el pasado/ porque Dios está observando/ conflictos del futuro”. Pues bien, Concho se refirió a la función social de los escritores hoy en día, y afirmó con cierto convencimiento que éstos deberían ejercer un determinado liderazgo en la sociedad nicaragüense, “porque la gente necesita luz y no creo que se le esté dando. El escritor debería ser una voz que se haga escuchar, porque aquí los políticos hacen y deshacen”.

Al respecto pregunté si era probable que un escritor o escritora pudiera ejercer un rol de liderazgo social o político, porque hay quienes satanizan esta posibilidad y otros tantos se lamentan que en Nicaragua no ha habido gobernante culto, razón por la cual no logramos salir de los círculos viciosos del atraso y la pobreza, cobijados con un gran manto de corrupción e impunidad. Entonces, ¿en qué quedamos? Si por un lado, los escritores tienen auto prohibido –por convicción, comodidad o indiferencia– inmiscuirse en expresiones organizadas que ejercen, inciden o demandan determinadas políticas públicas, creyendo que su postura correcta es el silencio o ubicarse al margen de los acontecimientos, aunque la vida ciudadana tenga amenazada su libertad y dignidad. Todo porque concibe o cree que lo suyo es solamente crear, el “arte por el arte”.
Por otra parte, los políticos. De acuerdo, inculto o no, hediondos o perfumados, los habidos hasta el momento no son más que la expresión de una sociedad decadente, de un sistema político agotado. ¿Qué es lo que tenemos? Pobreza y atraso, un estilo general de vida en crisis permanente y prolongada, ¿cuántos clase media ahora son pobres? ¿Cuántos pobres de hace quince años son paupérrimos? ¿Cuántos jóvenes quieren irse de este país a falta de oportunidades? El político de la sociedad actual es un depredador con derecho a sufragio y licencia para devastar el futuro de todos.
Pero, preguntémonos también: ¿Qué tanto los escritores y escritoras están infestados por la plaga de los políticos? Veamos: muchos se creen iluminados, prospectos a la obra maestra, ¿acaso una expresión del mesianismo que deriva en caudillismo?; unos atacan a otros, se despelleja y se echa al trasto de la basura la obra de algún prójimo muchas veces sin
haberla leído, el bueno es el hablante y el malo de quien se habla, ¿acaso no es la misma descalificación e intolerancia de todos los días de aquellos señores?; el premio, la escogencia previa, el concurso mampara, “la habladita” al jurado, “la recomendación” del prestigiado directivo, el “uyuyuy” o el “cuidado” con premiar al conflictivo, “la empujadita” del consagrado para quien necesite ser reconocido, ¿acaso no es manifestación de la corrupción generalizada que adjudicamos a las instituciones políticas? Ahí paro. Es suficiente como punta de lanza en la reflexión.Entonces, ¿hacia donde se ha de ir? Más que asumir roles partidista o sectario, veo que los escritores y escritoras podrían construir liderazgos sociales vinculados a procesos de transformación de la mentalidad humana y ciudadana, cultivando espíritus autónomos y libres, despertando sensibilidades y compromisos críticos. Pienso que a poetas y escritores nada le es ajeno. Si nos indigna el exterminio de las ballenas y las muertes masivas y salvajes de animales por cacería deportiva, ¿por qué no indignarnos ante las multitudinarias muertes por hambre, violencia, etc., de seres humanos? Si se escribe al amor de pareja muchas veces cursi y empalagoso, ¿por qué no hacerlo al amor que nos demandan los desgarrados y hambreados por una vida mejor? Si se escribe tanto a Dios aunque carcoma la soberbia y el egoísmo, ¿por qué no hacerlo atendiendo las voces de los infelices de Nicaragua, de la Tierra? En fin, también el poeta y escritor puede ubicarse como el más grande hipócrita y miserable de espíritu, como cualquier político de esos que vemos a diario en la televisión repartiéndose los tucos de nación y erario público.
¿Duro? ¿Injusto? No. En Nicaragua tenemos que admitir nuestras grandes tragedias, las más importantes: el oscurantismo y el fanatismo en toda su expresión. La mendicidad política y social. En un país empobrecido y atrasado como el nuestro, con mentalidades mojigatas y estructuralmente determinadas por doctrinas religiosas e ideológicas hipócritas; con una realidad imperante del HOY, porque de lo contrario “no como” y lo sustancial se transforma en “llenar el estómago” o satisfacer el antojo consumista, está claro que grandes distorsiones sociales y humanas encuentran caldo suculento en mentalidades estrechas, limitadas y violentamente superficiales. Ahí el fanatismo. Muchas veces determinado por la desesperación o la carencia. Sin duda, para un partidario fanático no tiene cabida el razonamiento crítico, máxime cuando éste tiende a cierta ruptura, o en todo caso, cuestiona el estado de cosas.
Entonces, siguiendo con la función social del escritor que refirió Concho, el asunto no se trata de un concepto absoluto, rígido, inflexible. Pienso que ésta parte del efecto que produce La Palabra escrita en los demás, en los ámbitos sociales donde su hacedor o hacedora esté ubicada o hacia donde esté proyectando su arte. La comunicación es sustancial, compartir una creación que no sólo es ficción, sino también, conceptos, ideas, imágenes que de una u otra forma impactan en la mente y conciencia de los lectores. Con tan solo el ejercicio de la palabra, el lenguaje, ejercido hacia la sociedad, está cumpliendo una importantísima función más allá de la concepción y labor artística. No hay arte que no exprese nada, que no resuma una imagen, una visión, un concepto, de lo contrario, no es arte. Lo que se escribe en cuanto a contenido y forma, es y debe ser inherente a la libertad de creación, así habrá quien haga novela o cuento acerca de la flatulencia de su pareja y la afectación en su olfato haciendo vínculo con El Perfume de Patrick Süskind, como quien lo haga acerca de un caudillo mitómano que cantando La Internacional y colgando un crucifijo en el pecho, jamás renunciará a sus millones y estilo de vida Real, mascullando La fiesta del chivo de Vargas Llosa o rumiando El otoño del Patriarca de Gabo.
Estamos para ser y hacer. Un poeta, un escritor, construye y destruye, indaga y subvierte, transforma su soledad –momentánea o permanente– en resultados/productos compartibles. Y es preciso olvidarse de los mitos, porque los poetas y escritores no son tan-tan divinos, son humanos como el resto en el mundo, con una determinada sensibilidad y talento artístico, aunque quieran diferenciarse son partes de lo malo y bueno de sus sociedades. Por supuesto, hay quienes imitan la apariencia y hablar de algún ser delicado, quienes se creen modelos de pasarelas y hasta cisnes librescos. Sí, los hay de buen corazón, genuinos, que realmente sienten y piensan, muy distintos a vanidosos, perversos y petulantes que también existen. Pero en los genuinos, indistintamente de su forma de ser, siempre habrá arte de la palabra con valor y portento, dirá porque habrá vida en su haber, porque al escribir habrá una voz auténtica. Y digo esto, porque también existen palabras huecas, que nacen tullidas, divorciadas de los significados.
Desde mi perspectiva, entre una de las connotaciones de la función social del escritor, es su incidencia literal en el proceso mental y espiritual de la transformación socio-cultural, despertar sensibilidades en torno al gran desafío por la vida y el bienestar humano en convivencia armónica con el planeta y los demás seres vivos. Su trayecto es sinuoso y hasta adverso, pueden ser más de uno, donde seguro el lodo estará ahí, la maleza, el pantano, de pronto una sonrisa, el coito apurado de hambreados, alguna pasarela de jovencitas cosméticas, tormentas y huracanes fatídicos, el sueño adolescente por los senos firmes y el anhelo del anciano por la vitalidad de su pene caído como el moco de un chompipe. Y así... una bandada de zopilotes sobre nuestras cabezas... Todo eso y más, constituye el desafío y sus trayectos, la belleza cósmica a rescatar, con sus vacíos y espacios habitados, insignificancia versus inmensidad, fuego y agua, luz y oscuridad, belleza de exteriores e interiores, hombre y mujer, animal y vegetal, todo esto como el verdadero Ser Superior. Abrir mentes, despertar conciencias, forjar perspectivas heurísticas de vida y de cosmovisión humana.
Lo social son relaciones interpersonales, lo familiar, lo colectivo, lo comunitario, la cosa pública, lo que incumbe a todos en el plano más amplio, porque nada es ajeno ni está fuera de uno, somos un complejo de interrelaciones. La función social que entiendo, está determinada por el imperativo consciente del ser humano con relación al todo. De tal manera, que así como todo lo habido puede ser objeto de la escritura, del proceso creativo literario, así también nada está ajeno al escritor-a, aquello que lo impacte de manera particular, habrá de provocar en él o ella una actitud, una postura frente al fenómeno o situación dada, frente al papel o la pantalla.
Este es un tema que, a pesar de haber sido discutido en distintos momentos históricos por escritores e intelectuales, exige cierta vuelta en un sentido más crítico, trascendiendo encuadres político-ideológicos y militancias partidarias, quizá más vinculada a la realidad y a los desafíos socio-culturales. Sí, lo socio-cultural visto como la formación y estructuración de valores espirituales y materiales en un determinado marco ético.
Sin duda, es un tema a profundizar desde contextos diferenciados. De momento, lo satisfactorio, lo alentador, es que los jóvenes que participaron en el conversatorio, no sólo manifestaron disposición de hacer literatura, sino a vivir en permanente búsqueda, estudio y disciplina. Encontré visiones libertarias y críticas con relación al estado de cosas, dispuestos a hacer valer la palabra y que sus voces plurales se escuchen. Creo que lo harán porque vi buena madera ahí. Y ojalá estén acompañados por escritores y escritoras de generaciones anteriores, seguro que sí, recomendando lecturas, compartiendo conocimientos y técnicas de escritura, discutiendo acerca de los procesos creativos, estimulando sus crecimientos personales, entre otras cosas.
Managua, 15 de febrero de 2008.









2 comentarios:
Pedro Chavarría, Bluefields, Nicaragua.
Estimado poeta:
Leí con mucha atención el trabajo sobre su reunión con los jóvenes escritores. Permítame decirle que el comentario está escrito con la elegancia y sinceridad que usted sabe poner a sus escritos.
Estoy completamente de acuerdo que el espacio que tienen los jóvenes para expresarse es más limitado que una celda de la modelo. Sin embargo. Hay quienes sobreviven a las circunstancias más incomodas. El joven tiene todo el derecho de expresarse literariamente bajo cualquier línea con la que se sienta identificado, después de todo aunque la frase esté rayada ellos son el futuro. Yo sólo le tengo miedo a esos jóvenes que dicen amar las letras o que sé yo, y no les gusta leer. Desafortunadamente de esos hay muchos.
En cuanto a los “consagrados” recuerde que lo que es consagrado está en la iglesia y por lo general fuera de la vista o alcance del pueblo común. Pero, también en eso tiene razón, en este país hay muchos que se consideran “garzas divinas” no respiran el mismo aire que el escritor incipiente. No se preocupe, el mal se lo hacen ellos.
Aunque algunos no están de acuerdo conmigo, yo llamo al diccionario el gran mausoleo de las palabras. Se imagina usted cuántas palabras hay en un diccionario que nadie utiliza porque no saben lo que significa y peor aún, no necesitan saber ya que hay acepciones más al alcance de los no tan consagrados. Después de todo ¿Cuántos en Nicaragua leen a esos consagrados a como los llama usted? Le aseguro que muy pocos, está muriendo por su propio peso. Son mausoleos y recuerde que el mármol por muy blanco y bello que sea es frío, no tiene calor.
Usted ha publicado varias obras, así que debe saber lo que cuesta que le publiquen unas cuantas líneas a un mortal común y peor aún si es de la Costa. Sin embargo, a estos consagrados les publican cualquier chochada aunque siempre hablen de lo mismo.
¿Puente? Es cierto que el puente es para unir dos lados de un río o lo que sea, pero ellos no joven con esa cara, ellos sólo piensan que el puente es para que caminen sobre ellos y a eso le tienen miedo, “si te cruzo me dejas atrás”, qué triste ¿verdad?
Gracias a Dios que los jóvenes no necesitan tantos puentes. Necesitan empujones, porque tienen la suficiente energía para seguir solos.
Bueno mi amigo, teníamos tiempo que no nos comunicábamos y mire con que le salgo.
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